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lunes, 31 de diciembre de 2012

La fe de un observador Conversaciones con Hugh Nibley

Hugh Winder Nibley (27 de marzo de 1910 - 24 de febrero de 2005) fue un profesor de la Universidad Brigham Young. Sus trabajos -los cuales en su mayoría intentaron dar evidencias arqueológicas, lingüísticas e históricas de las propuestas de Joseph Smith Jr.- aunque no sean posición oficial de la Iglesia de Jesucristo de los santos de los ultimos dias, si son muy tenidas en cuenta por la comunidad.

Escritor y profesor prolífico, de la Biblia y del Libro de Mormón en BYU, tenía fluidez en numerosas lenguas, incluyendo el latín clásico, griego, hebreo, egipcio, copto, árabe, alemán, francés, inglés, italiano y español. Estudió neerlandés y ruso durante la Segunda Guerra Mundial. También estudió inglés antiguo y búlgaro antiguo, y su fluidez en antiguo norse le permitió leer una enciclopedia entera en noruego.

Escribió y dio charlas sobre las escrituras y sobre temas doctrinales, publicó numerosos artículos en las revistas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Su An Approach to the Book of Mormon lo tomó la Iglesia SUD en 1957 como un manual de estudio religioso.

en el video el explica sobre la fe y otros principios del evangelio. un material valioso por su contenido espiritual.





La fe de un observador Conversaciones con Hugh Nibley

domingo, 20 de febrero de 2011

Otro Milagro en la Historia de la Iglesia: El Libro de Abraham

El Hallazgo de los Papiros en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York

Lo siguiente es el artículo original que apareció en la Liahona de Febrero 1968, que anunciaba el hallazgo de los papiros que pertenecieron a José Smith, y de los cuales, por lo menos uno, José había utilizado para traducir El Libro de Abraham.

Descubrimiento de papiros egipcios
por Jay M. Todd
Editor Asociado del Improvement Era
Quizás no se espera que ningún descubrimiento despierte tanto interés general en el evangelio restaurado como el reciente hallazgo de algunos papiros egipcios, uno de los cuales se sabe fue usado por el profeta José Smith para traducir el Libro de Abrahán.

Los papiros, que por mucho tiempo se pensaba habían sido consumidos en el incendio de Chicago en el año 1871, fueron presentados a la Iglesia el 27 de noviembre de 1967, en el Museo Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York, más de un año después de que el Dr. Azis S. Atiya, ex-director del Centro de Estudios del Medio Oriente, de la Universidad de Utah, hubiera hecho su asombroso descubrimiento mientras recorría la colección de papiros del mencionado museo.

Incluido en la colección de 11 manuscritos, se encuentra uno identificado como el documento original del que José Smith obtuvo el Facsímile 1, el cual introduce el Libro de Abrahán en la Perla de Gran Precio. Adjunta a los manuscritos estaba una carta fechada el 26 de mayo de 1856, firmada por Emma Smith Bidamon, viuda del profeta José Smith, y por su hijo, José, la que atestiguaba que los papiros habían sido propiedad del Profeta.

Algunas de las piezas de papiros aparentemente incluían jeroglíficos convencionales (inscripciones sagradas que parecían dibujos) y textos funerarios con escritura hierática (una versión exclusiva de jeroglíficos en letra cursiva) que comúnmente eran sepultados con las momias egipcias. A menudo, dichos textos contenían párrafos del "Libro de los Muertos", el mismo que servía como pasaje a la persona muerta que entraba al mundo espiritual.

Hasta ahora no se sabe si las otras diez piezas de papiro tienen conexión directa con el Libro de Abraham. Se descubrió también que en el reverso de tres de los manuscritos (aparentemente el profeta José les había pegado dicha parte para hacerlos más resistentes) aparecen algunas notas, mapas y dibujos a mano y lo que parecen ser apuntes de municipios, y se piensa que todo fue escrito por el profeta José Smith. Su importancia todavía no ha sido determinada pero será de gran interés para los historiadores mormones. La colección de manuscritos fue presentada ante el presidente N. Eldon Tanner de la Primera Presidencia por Thomas P. G. Hoving, director del Museo Metropolitano de Arte, en una impresionante ceremonia verificada en el museo de Nueva York a la que asistieron periodistas de numerosas agencias noticiosas mundiales. Después de haberse exhibido en las oficinas de la Iglesia en Salt Lake City, los manuscritos se entregaron al Dr. Hugh Nibley, erudito y lingüista de la Universidad de Brigham Young.

A menudo se cuenta la historia llena de aventura y fascinación de la manera tan extraordinaria en que el profeta José Smith obtuvo los papiros originales y cuatro momias egipcias. Pero de igual interés es la anécdota del descubrimiento de los papiros en El Museo Metropolitano de Arte por el Dr. Azis S. Atiya, quien la cuenta con estas palabras:       





"En ese tiempo estaba escribiendo un libro, el mismo que había empezado mientras era profesor de cristianismo mundial y oriental, y fui al Museo Metropolitano de Arte para buscar documentos, papiros, fotografías e ilustraciones para dicho libro. Ha de haber sido en la temprana primavera de 1966. Me he olvidado completamente de la fecha. Mi libro estaba listo para imprimirse y fui a buscar material suplementario.

"Mientras me encontraba en una de las oscuras salas, algo captó mi atención y le pedí a uno de los empleados que me llevara el archivo de documentos para así poder ver otros más. Es ahí en donde encontré éstos. Inmediatamente reconocí la fotografía de uno. Cuando vi la escena me di cuenta de que había aparecido en la Perla de Gran Precio. Generalmente uno puede encontrar esta clase de fotografía en otro papiro, pero ésta en particular tenía características especiales. Por ejemplo, la cabeza había desaparecido y pude darme cuenta que los papiros estaban pegados sobre papel del siglo diecinueve. La cabeza fue dibujada con lápiz, al parecer por José Smith, quien lo ha de haber tenido en su poder cuando esa parte se rompió. Aparentemente dibujó la cabeza con su propia mano sobre el papel suplementario. Así también las manos de la momia están alzadas y la pierna de la misma manera —generalmente las momias yacen completamente en forma horizontal—lo cual es muy peculiar. Este papiro es egipcio, es verdad, pero lo que representa realmente no lo sé.

"Cuando vi esto, comencé una búsqueda más profunda. Vi unas piezas más de papiros amontonadas juntas y pensé que la providencia divina me había ayudado. Entre estos documentos encontré otro firmado por la esposa de José Smith, su hijo y otro, testificando que estos papiros habían pertenecido a José Smith.

"En 1918, una señora Heusser vino al museo e informó a los oficiales que tenía algunos papiros, pero no se llegó a ninguna conclusión sino hasta 1947. Fue entonces que el museo los adquirió cambiando después a los encargados de cuidar las antigüedades egipcias, y el tema se olvidó por completo.

"Cuando vi estos documentos estuve realmente atónito. Conozco la comunidad mormona, sus normas, escrituras, etc., y lo primero que dije fue que estos documentos no debían estar ahí. Pertenecían a la Iglesia Mormona. Bueno, naturalmente los encargados del museo son buenos amigos míos y traté de persuadirlos de que cedieran los documentos a la Iglesia.

"Informé de ello a mi buena amiga Taza Peirce, quien es secretaria ejecutiva del Consejo de Salt Lake para Visitantes Internacionales, y discutimos la manera en que yo debería comunicar el descubrimiento a dicha comunidad. Me sugirió que viera al presidente Tanner y fue ella quien arregló y estuvo presente en nuestras dos primeras reuniones. Después de eso me reuní directamente con el presidente Tanner quien declaró que la Iglesia estaba muy interesada y que haría cualquier cosa o pagaría cualquier precio por ellos. Desde entonces habíamos estado viendo la posibilidad de que pudieran transferirse a la Iglesia.

"En esta clase de asuntos no me precipito, me tomo el tiempo requerido. Con varias discusiones y persuasiones amigables, el museo expuso el caso ante los directores del mismo. Pero pasó mucho tiempo antes de llegar a este paso. La mesa directiva prolongó la discusión por largo tiempo, más de lo que se puedan imaginar y al final, llegaron a la conclusión de que el museo tenía papiros de esa naturaleza en demasía, así que ¿para qué privar a la Iglesia de tales documentos?
"Cuando se tomó la generosa decisión, el director me la hizo saber por teléfono y en una carta. Después tuvimos que abandonar la situación ya que el director del museo tuvo que ir a Egipto durante un mes.

"Cuando regresó, me informó muy amablemente acerca del tema y dijo, 'La decisión se ha tomado, sus amigos mormones recibirán estos papiros. Así que comuníquese con ellos y con el Presidente de la Iglesia y haga los arreglos necesarios para una ceremonia.'
"Naturalmente el presidente Tanner estaba tan entusiasmado como yo. Luego informó al presidente McKay, que también estaba complacido.
"Entonces decidimos la manera en que se efectuaría la ceremonia.
"Fue un gran honor para mí y me sentí muy complacido al estar en el centro de la fotografía con tan distinguidas personas como el presidente Tanner y el Sr. Thomas P. G. Hoving, Director del museo. Así como su asistente y vice-director, Dr. Joseph Noble.

"Todos concurrieron y para mi sorpresa, me di cuenta de que los papiros habían sido colocados en una hermosa caja de seguridad.
"Pero durante la mañana de ese día, me propuse ir más temprano, mucho antes de que comenzara la ceremonia, para así poder asegurarme de que ya estaban listos—no sólo los papiros, ya que lo que es de importancia es el documento que los acompaña. Era un papel descolorido, con escritura del siglo diecinueve. Me enteré de que el museo lo había fotografiado. Bueno, naturalmente habían tratado de fotografiarlo antes pero no se notaba porque era un papel de color azul muy pálido. Esta vez usaron rayos infrarrojos y ultravioleta para poder fotografiar el texto, y ahora dicha fotografía es mucho mejor que el original.

"Me sentí maravillado por el descubrimiento de los papiros que habían estado en manos del profeta José Smith, pero los hallazgos no terminaron ahí. Durante la mañana de la entrega de los documentos comencé a mirarlos de arriba para abajo y de pronto encontré, en el revés del papel en el que los papiros estaban pegados, escritos, mapas y una enumeración de municipios y material de gran valor para la historia mormona, que creo fueron hechos por la propia mano de José Smith, y los cuales tienen que ser estudiados por especialistas. Yo no lo soy, pero puedo reconocer documentos originales de una era precristiana.
"Conozco la clase de tinta que los egipcios usaban y la diferencia entre la genuina y la falsa. Los papiros generalmente se colocaban con las momias—papiros de muchas clases—pero principalmente el "Libro de los Muertos", que sería el pasaje para que la momia entrara al mundo del más allá. Los papiros eran algunas veces de colores. Pueden encontrarse algunos como éstos con colores azules, dorados y rojos. Esto era muy común. En cuanto a la tinta que se usaba, se hacía generalmente de hollín y pegamento, y es por esa razón que era eterna. Yo creo que estos pergaminos están escritos con esta clase de tinta. Por lo general eran los sacerdotes los que escribían ya que eran más capacitados para hacerlo. Usaban plumas de caña, las que tenían que afilar y cortar por el medio.
Los egipcios tenían la planta del papiro y acostumbraban dividirla en capas delgadas que ponían entrelazadas una sobre otra, las golpeaban con un martillo de madera y entonces las pegaban juntas. Las cortaban de acuerdo a los propósitos de los documentos que querían escribir. Generalmente se usaban tiras largas para hacer los pergaminos, y éste en particular estaba hecho de esa manera.
"¿Se enteraron de que el descubrimiento apareció en la prensa egipcia al día siguiente de la ceremonia? ¡En la primera página del periódico más importante! Se sorprenderían ustedes al saber la importancia que se le dio y aparentemente los egipcios estuvieron muy complacidos con el hallazgo de estos documentos."
Es de gran importancia el hecho de que el Dr. Atiya haya hecho el descubrimiento y que testifique tan ardientemente sobre la autenticidad del manuscrito como aquél que José Smith usó en la traducción del Libro de Abraham. El Dr. Atiya es mundialmente reconocido como erudito e investigador de manuscritos egipcios y árabes. Es uno de los profesores más destacados en la universidad y muy famoso por las conferencias que ha verificado en las universidades de Michigan, Columbia, Princeton, Liverpool, Londres, Bonn, Zurich, El Cairo y Alejandría. También podría decirse del descubrimiento del Dr. Atiya, lo que Parley P. Pratt dijo acerca de las momias egipcias y papiros que José obtuvo: "Cuan extraordinaria la providencia mediante la cual este antiguo registro cayó en manos del siervo del Señor, José Smith."

Realmente, la historia de cómo José Smith recibió los papiros, es fascinante, y parece estar llena de influencia divina. Algunos de los detalles son todavía oscuros, aunque nuevas investigaciones anuales parecen divulgar porciones adicionales de información, pero los puntos principales del episodio son de conocimiento general: cuando Napoleón conquistó Egipto en 1798-99, la atención del mundo se volvió hacia la tierra de los faraones, y ésta pronto fue invadida tanto por expediciones científicas como por ladrones de catacumbas y sepulturas antiguas. Uno de los primeros aventureros interesados en las antigüedades egipcias fue un hombre llamado Antonio Lebolo que trabajaba como agente para uno de los más importantes barones de ese tiempo, Bernardino Drovetti. Mientras estaba en Egipto, aproximadamente por el año 1817, Lebolo obtuvo una licencia para entrar a las catacumbas de Tebas, Egipto. Descubrió una tumba cerca de un lugar llamado Gurneh, próximo a Tebas y en ella había varias momias. Entregó las mejores a Drovetti pero se las arregló para dejar unas para él. Más tarde salió de Egipto hacia Francia vía Trieste, llevando consigo algunas de las momias, once de las cuales eventualmente llegaron a Estados Unidos.

Mientras estaba en la isla de Trieste, se enfermó y murió. Lebolo había legado las momias a su sobrino Michael H. Chandler, a quien suponía en Irlanda, y allá fueron enviadas aparentemente vía Londres. Siendo que algunos investigadores dudan del parentesco entre Chandler y Lebolo, se están haciendo investigaciones para tratar de establecer la verdad. Los amigos de Chandler volvieron a enviar las momias a Estados Unidos en donde aquél estaba viviendo en Filadelfia. Más tarde, las momias llegaron a la aduana de Nueva York. Los investigadores han manifestado que no deja de ser un milagro el que hayan navegado sin peligro con sus importantes registros a través de las aguas infestadas de personas inescrupulosas, de saqueadores de catacumbas, de agentes deshonestos en busca de momias, para llegar sin contratiempo al puerto de Nueva York.

En abril de 1833, Michael H. Chandler pagó los derechos aduaneros, obtuvo las momias y las abrió. Se desilusionó al no encontrar joyas o algo de gran valor monetario, pero en cambio encontró varios rollos de papiros. La providencia una vez más parecía haber entrado en la historia, ya que mientras estaba en la aduana, se le informó a Chandler que no había nadie en la ciudad que pudiera traducir los pergaminos, "pero fue referido por el mismo caballero (un extraño) al Sr. José Smith, Jr., quien, continuó él, posee una clase de dones mediante los cuales previamente había traducido caracteres similares."


Dos años más tarde, el 3 de julio de 1835, Chandler conoció al profeta José. Le preguntó si tenía el poder de traducir los pergaminos y José contestó que sí. El profeta anotó en el registro que había dado a Chandler la interpretación de una parte del material de los pergaminos. El señor Chandler estaba tan impresionado que escribió un certificado testificando que la interpretación de José Smith de los antiguos jeroglíficos egipcios "coincidía hasta el último detalle" con aquello que él había aprendido de "los más instruidos."

El Profeta escribió en su Documentary History of the Church (Vol. 2, pág. 236) (Historia Documentada de la Iglesia): "Poco después, varios Santos de Kirtland compraron las momias y papiros, descripción de lo cual aparecerá más adelante; y con W. W. Phelps y Oliverio Cowdery como escribientes, comencé la traducción de algunos de los caracteres y para nuestra sorpresa, descubrimos que uno de los pergaminos contenía los escritos de Abrahán y otro los de José de Egipto . . ."

En cuanto a las cuatro momias, el Profeta generalmente admitía que no sabía de quiénes eran. Más tarde otras fuentes informaron que él las había identificado como de un faraón, una reina, una princesa y una esclava. Los rollos de papiro se sabe que estaban con una de las momias femeninas. Concerniente a los mismos, se ha supuesto que aparentemente eran registros originales o copias de los mismos hechos por Abrahán y su nieto José, escritos más tarde por sucesores y faraones durante miles de años. El resultado es muy conocido por los Santos de los Últimos Días. El Profeta interpretó algunos de los escritos de los pergaminos y tal interpretación y facsímiles 1, 2 y 3 constituyen nuestro actual Libro de Abraham. Se sabe también que el Profeta prometió "más extractos del Libro de Abraham" que aquellos que ya se tenían, pero su muerte impidió la publicación de materiales que dijo estaba "revisando." (John Taylor, Times and Seasons, Feb.1843)


De cualquier modo, después del martirio del Profeta, las momias y manuscritos fueron entregados a la madre de José, Lucy Mack Smith. Cuando murió en 1855, los mismos pasaron a manos de Emma Smith Bidamon, con quien Lucy Mack Smith vivió sus dos últimos años. Emma Smith Bidamon era la viuda del Profeta y desde entonces había contraído matrimonio con L. C. Bidamon. Poco después de un año de haber tenido en su poder las momias y manuscritos, Emma los vendió a un tal Sr. A. Coombs. Fue esta carta de venta al Sr. A. Coombs, firmada por Emma Smith Bidamon y fechada el 26 de mayo de 1856, además de las 11 piezas de papiro lo que el Dr. Atiya encontró. La carta dice: "La presente certifica que hemos vendido al Sr. A. Coombs, cuatro momias egipcias junto con los registros. Dichas momias fueron obtenidas de las catacumbas de Egipto, 20 metros bajo la superficie de la tierra, por la sociedad anticuaría de París, enviadas de ahí a Nueva York y compradas por el Profeta Mormón, José Smith, al precio de dos mil cuatrocientos dólares. En el año 1835, el Sr. Smith las valuó considerablemente a causa de la importancia del registro que accidentalmente se encontró en el pecho de una de las momias. De las traducciones que el Sr. Smith hizo de los Registros se supo que estas momias fueron de la familia de un Rey de Egipto. Estuvieron exclusivamente en poder del Sr. Smith hasta su muerte y desde entonces con la madre del Sr. Smith; no obstante, hemos tenido repetidas ofertas de compra que fueron invariablemente rehusadas hasta su muerte que ocurrió el día catorce de mayo pasado." Firmado: "L. C. Bidamon, Emma Bidamon, José Smith (su hijo). Nauvoo, Hancock Co. 111, mayo 26."


El próximo informe de las momias aparece en el Catálogo del Museo de St. Louis, en 1856, y más tarde, en 1863, en el Catálogo del Museo de Chicago página 42, y en los cuales se describen dos momias que "estuvieron en poder de la madre del Profeta hasta su muerte, cuando los herederos las vendieron y fueron poco después compradas por el Museo." En 1871, un incendio destruyó gran parte de Chicago, y se creía que las momias y manuscritos hubieran sido consumidos en dicha ocasión, aunque los catálogos de 1856 y 1863 no dan ninguna información acerca de las otras dos momias o los manuscritos.

La información acerca de los mismos, y de los que fueron usados por el Profeta, se revelará en un día futuro. La colección descubierta recientemente por el Dr. Atiya, llamó por primera vez la atención del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York en 1918. Aparentemente, el señor A. Coombs no había vendido todas las cosas que había comprado a Emma Smith Bidamon, ya que en 1918, la señora Alice C. Heusser, de Brooklyn, Nueva York, llevó los recientemente descubiertos papiros y documento firmado por Emma Smith, al Museo Metropolitano para su valoración. La señora Heusser era hija del ama de llaves del señor A. Coombs. Pero el museo no compró la colección de papiros hasta que Edward Heusser, esposo de Alicia, finalmente se la vendió en 1947.

Dichos papiros han estado en sus archivos desde entonces. De este modo, se había marcado el camino para el notable descubrimiento del Dr. Atiya. Estas piezas de papiro, que son sólo parte de las que José Smith poseyó, están nuevamente en poder de la Iglesia. Son un testimonio extraordinariamente poderoso y tangible de la veracidad de la historia clara y sencilla dicha por el Profeta, de que había tenido en sus manos unos documentos originales de papiro, algunos de los cuales había usado en la producción del Libro de Abrahán en la Perla de Gran Precio.

jueves, 3 de febrero de 2011

¿CREES EN CRISTO? O ¿LE CREES A CRISTO?


El Señor a dicho:

 “Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios. “


“y vendrá al mundo para redimir a su pueblo; y tomará sobre sí las transgresiones de aquellos que crean en su nombre; y éstos son los que tendrán vida eterna, y a nadie más viene la salvación”.


 

“Venid ahora, dice Jehová, y razonemos juntos:
“Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”


“Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

“Por tanto, sed fieles; y he aquí, mirad, estoy con vosotros hasta el fin. Así sea. Amén. “


Lamentablemente, hay muchos miembros de la Iglesia que no creen que esto sea posible. A pesar de que afirman tener un testimonio de Cristo y de Su evangelio, rechazan el Testimonio de las Escrituras y de los profetas en cuanto a las buenas nuevas de la expiación de Cristo. A menudo, tales personas se aferran ingenuamente a posiciones contradictorias sin siquiera comprender la naturaleza de dichas contradicciones.

Por ejemplo, es posible que crean que la Iglesia es verdadera, que Jesús es el Cristo, y que José Smith fue un profeta de Dios, mientras que al mismo tiempo se niegan a aceptar la posibilidad de ser completamente perdonadas y, con el tiempo, exaltadas en el reino de
Dios. Tales personas creen en Cristo, pero no le creen a Cristo. No obstante, las "buenas nuevas" del evangelio son buenas nuevas para mí, no porque prometen que otras personas mejores que yo se pueden salvar, sino porque prometen que yo puedo ser salvo -pese a todas mis limitaciones e imperfecciones.
Mientras no acepte esa posibilidad, mientras no le crea a Cristo cuando dice que Él puede  llevarme a Su reino y colocarme en un trono, no habré aceptado completamente las buenas nuevas del evangelio; habré, más bien, aceptado al mensajero y rechazado Su poderoso mensaje.

La fe es el primer principio del evangelio, pero tener fe no significa simplemente creer en sus declaraciones históricas. ¿Cree usted que la Iglesia es verdadera, que José Smith fue un profeta, y que el evangelio ha sido restaurado en los últimos días? Muy bien, pero eso no es suficiente.

El primer Artículo de Fe expresa claramente que debemos tener fe en el Señor Jesucristo. A menudo pensamos que tener fe en Cristo significa creer en Su identidad como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. Pero creer en la identidad de Jesús como el Cristo, es apenas la mitad de este asunto. La otra mitad es creer en Su capacidad, en Su poder de purificar y salvar -de convertir en personas dignas a los indignos hijos e hijas de Dios.

No sólo debemos creer que Él es quien dice ser, sino que también debemos creer que Él puede hacer lo que dice poder hacer. No solamente debemos creer en Cristo, sino que debemos creerle a Él cuando dice que puede purificarnos y hacernos celestiales.

Él nos hace saber que mediante Su sangre expiatoria, todo el género humano puede ser salvo (ver A. de Fe 3) y lógicamente, en "todo el género humano" estamos incluidos usted y yo. Así que, en tanto no aceptemos la posibilidad real de ser exaltados en el reino de Dios, no podemos decir que tenemos fe en Cristo, y no podemos decir que creemos. He oído muchas declaraciones en cuanto a la misma duda. Es posible que una persona diga,

"No, obispo, no puedo esperar recibir las mismas bendiciones que los miembros de la Iglesia que son fieles; no puedo aspirar a ser exaltado en el reino de Dios puesto que he cometido pecados horribles. Usted tiene que comprender que hice esto o aquello. Claro que asistiré a las reuniones de la Iglesia y que trataré de mantener viva la esperanza de que el castigo no sea espantoso, pero de ninguna manera puedo recibir la exaltación después de lo que hice."

Un ejemplo típico de este tipo de razonamiento fue el caso de un hombre que una vez me dijo, "Mire, obispo, no creo estar hecho para heredar la gloria celestial". Después de un infructuoso cambio de ideas, un tanto impaciente le dije: "Qué es lo que me quiere decir?
Por supuesto que no está hecho para heredar la gloria celestial. Tampoco lo estoy yo ni lo está nadie. Esa es la razón por la que necesitamos la expiación de Cristo, el cual puede hacernos para que heredemos la gloria celestial. ¿Por qué no admite su verdadero problema; que no tiene ninguna fe en Cristo?" Mi comentario ciertamente le enfadó, ya que había sido de la religión protestante antes de convertirse en Santo de los últimos Días, y tanto como protestante y como mormón, él había creído en Jesucristo. "¿Cómo se atreve a decirme eso?" replicó el hombre. "Yo sé que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios." "Sí", le contesté, "usted cree en Cristo, pero no le cree a Cristo. El dice que puede hacerle para que herede la gloria celestial, y usted tiene la audacia de sentarse allí y decir 'No, no puede'. No tengo duda de que usted cree que Cristo hace promesas que no puede cumplir."

Cada uno de estos casos representa una variación de la misma tétrica idea. Todos se resumen a esto: "No creo que Cristo pueda hacer lo que dice poder hacer. No tengo fe en su capacidad de exaltarme." Si se les preguntara a estas personas en qué consisten sus problemas espirituales, dirían que son X, Y o Z -o sea, ciertos problemas singulares con los que tropezaron en determinado punto de su trayectoria espiritual. Pero en ninguno de estos casos el verdadero problema es X, Y ni Z, ni tampoco es singular, ni tropezaron en algún punto distante de su trayectoria.

El verdadero problema lo tienen frente a la nariz, pues estas cuatro objeciones y muchas otras versiones que se podrían citar, son maneras de simplemente disfrazar el problema básico en sí: falta de fe en el Señor Jesucristo. Estas personas simplemente no creen que el evangelio pueda tener efecto alguno en ellas.

Y a menos que obedezcan el primer principio del evangelio, a menos que tengan fe genuina en Cristo, se privarán del poder y las bendiciones de la fe en Cristo o de los principios que le siguen a la fe: el arrepentimiento, el bautismo y el don del Espíritu Santo.

Aun cuando se consideren a sí mismas miembros de la Iglesia poseedores de experiencia y madurez, lo cierto es que todavía no han nacido espiritualmente. Si sólo creemos en Cristo sin creerle a Él, es como estar sentados en casas frías y obscuras, rodeados de lámparas y calentadores, y creer en la electricidad sin aprovecharla.

Ese tipo de personas a menudo tratan de convencerse a sí mismas y de convencer a los demás que el simplemente creer en la electricidad les proporciona calor y luz, aunque continúan tiritando en la obscuridad en tanto no enciendan la luz y los calentadores. A pesar de que todos nuestros aparatos domésticos funcionen y la instalación esté en perfectas condiciones, mientras no aceptemos el poder mismo de la corriente eléctrica, aún cuando creamos en él en teoría, no podremos disfrutar del efecto e la luz y del calor.

Ésa es la razón por la que la fe genuina en Cristo, o sea, la aceptación activa de Su poder y no la mera creencia pasiva en Su identidad, es y debe siempre ser el primer principio del evangelio.

No importa cuánto aprendamos sobre el evangelio, ni cuánto creamos en teoría, en tanto no aceptemos la realidad de nuestra propia salvación, seguiremos en el frío y en la obscuridad.

Para no escuchar en aquel día el dulce pero también fuerte reproche del Señor a Pedro:


Y al momento Jesús, extendiendo la mano, le sujetó y le dijo: ¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

Mateo 14:31

Nuestra oración es que podamos reflejar en actos lo que expresamos con los labios y que nuestra fe en el Salvador sea cada vez mayor en el nombre de Jesucristo. Amen.

(Extractos tomados de http://librosdeconsultasud.blogspot.com/2011/02/creamosle-cristo-stephen-e-robinson.html )

sábado, 22 de enero de 2011

¿DONDE FUE EL JARDÍN DE EDÉN?


¿DONDE FUE EL JARDÍN DE EDÉN?

 "He encontrado una contradicción en sus enseñanzas. La Biblia dice que el Jardín de Edén se hallaba en el hemisferio oriental y las enseñanzas de los Santos de los Últimos Días dicen que estaba en el  hemisferio  occidental, en Misurí. ¿Cómo explica usted esto?' 

Usted indudablemente conoce el pasaje que se halla en Génesis 2:10-14. He buscado en todas parles pero no he podido hallar nada concreto que satisfaga a esta persona. ¿Hay alguna orientación geográfica que apoye nuestra doctrina?"

A CONTINUACION DAMOS ESTA RESPUESTA DADA POR EL PRESIDENTE José Fielding Smith

"Es un error que la Biblia afirma que el jardín de Edén se hallaba en el hemisferio oriental. Por cierto, no hay lugar que podamos indicar definitivamente como el sitio del Jardín. Han ocurrido grandes cambios en la superficie de la tierra desde los días de Adán. Los Santos de los Últimos Días tampoco lo sabrían si el Señor no se lo hubiese revelado. El ser humano no puede obtener este conocimiento sin revelación del Señor. Por extraño que parezca, existe el concepto popular de que el Jardín de Edén se hallaba en el valle de Mesopotamia, no muy lejos del Monte Ararat, donde posó el arca. Tal concepto es Incongruente y se opone así a los hechos conocidos como a la Biblia. Podemos señalar algunas de estas incongruencias. El objeto del diluvio, como lo dice la Biblia, fué purificar la tierra de su iniquidad, que por llegar a ser tan grande, fué destruida toda la familia humana con excepción de los que se hallaban en el arca. Otra de las razones porque hubo un diluvio, fué—como se enseña por revelación dada a la Iglesia— que la tierra, igual que el género humano, tenía que ser bautizada y purificada por agua. Las Escrituras declaran que el Señor abrió "todas las fuentes de los grandes abismos y las cataratas de los cielos', e hizo que lloviera incesantemente hasta que toda la tierra quedó cubierta. Los Santos de los Últimos Días creen que esto fué el bautismo de la tierra. Citaremos uno o dos pasajes para aclarar este punto. "La primera ordenanza instituida para la purificación de la tierra fué la de inmersión en el agua; fué sepultada en el elemento líquido y las aguas barrieron todo pecado que había sobre la faz de la tierra. Al salir de las aguas, como el niño recién nacido, se hallaba inocente, salió a novedad de vida. Fué un segundo nacimiento del vientre de las grandes aguas: un mundo nuevo que surgió de los escombros del viejo, revestido con toda la inocencia de esta primera creación." (Orson Pratt en Journal of Discourses, tomo 1, página 333)


"La tierra en su condición y situación actuales no es una habitación apta para los santificados; pero obedece la ley de su creación: ha sido bautizado con agua y será bautizada con fuego y el Espíritu Santo y por último quedará preparada para que la habiten los fieles." (Brigham Young, ibid., 8:83)


No sabemos precisamente dónde construyó Noé el arca, pero nos es dicho que se mantuvo flotando sobre las aguas hasta que quedaron cubiertos los montes. Debe haber viajado una distancia algo extensa del sitio donde fué construida, porque no iba a permanecer en el mismo lugar, y por lo menos anduvo flotando ciento cincuenta días antes de posar en el Monte Ararat, al norte de Armenia. Indudablemente el arca fué impelida por los fuertes vientos que acompañaron el diluvio. 

En el país donde al fin reposó corría un río, al cual se ha dado el nombre de Eufrates; pero este río en ninguna manera corresponde con el que llevaba ese nombre en el Jardín de Edén. Fué la cosa más natural que Noé u otro de los antiguos diera al río el nombre del que habían conocido, pero este río fluye en dirección contraria. Al río que sale del Lago de Utah y desemboca en el gran Lago Salado, nosotros llamamos el "Jordán"; pero no por esto es el mismo río de Palestina. Sin embargo, ¿qué cosa más natural que los pioneros dieran a este río el nombre de "Jordán"? 

También debemos recordar que esta tierra ha pasado por muchísimos cambios desde los días del Edén. La Biblia nos enseña que en el principio todas las aguas se hallaban en un lugar. Por consiguiente, toda la tierra debe haber estado en un solo lugar. (Génesis 1:9) En la época de Adán no había hemisferio oriental ni hemisferio occidental. Es extraño, pero cierto, que se han pasado por alto algunos de los acontecimientos más importantes que hallamos en la Biblia; por ejemplo vemos en Génesis 10:25: "Y a Heber nacieron dos hijos: el nombre de uno fué Peleg, porque en sus días fué repartida la tierra." Es una afirmación, breve en extremo, de uno de los acontecimientos de más importancia que jamás ocurrieron sobre la superficie de este globo terrestre, y sin embargo, existe evidencia científica de que tal cosa sucedió. En el principio toda la tierra era un amplio continente. Llegó el día en que fué dividida y se formaron otros continentes y entonces llegó a existir el hemisferio occidental; pero esto fué mucho después de los días de Adán. Hablando de este importante acontecimiento, el doctor Emanuel Velikovisky su libro, Earth in Vpheaval, comenta en ésta forma: 

"La teoría de continentes flotantes, que se ha debatido desde los años de 1920,estriba en la semejanza que hay en la forma del l itoral de Brasil y el de África. Esta semejanza (o mejor dicho, complementación) junto con ciertas afinidades en la flora y la fauna de edades remotas sugirieron al profesor Alfred Wegner de Cruz, en el Tirol, que en las primeras épocas geológicas esos dos continentes, Sur América y África, eran una sola tierra. Pero en vista de que en otras partes del mundo podían encontrarse estas afinidades animales y vegetales, Wegner conjeturó que todos los continentes e islas eran en un tiempo una sola tierra, que en diversas placas se dividió y se apartó. Los que no concuerdan con la teoría de la división continental siguen explicando la afinidad de las plantas y animales de acuerdo con la base de "puentes terrestres" o comunicación terrestre entre continentes en otras edades y también entre continentes e islas." (Página 118)

Por supuesto, esto no tiene mucho que ver con el Jardín de Edén, pero sí muestra que ha habido grandes cambios sobre la superficie de la tierra desde los días de Adán. Si uno toma un mapa de los hemisferios occidental y oriental y los estudia, no le es muy difícil ver cómo aun en la actualidad podrían juntarse uno con otro. Ese día vendrá, porque así como fué dividida la tierra, así también volverá de nuevo a su forma original en la restauración, y toda la tierra estará en un solo lugar. Hay en la biblia muchas profecías que se refieren a esta unión de los continentes e islas. Citamos unas pocas de las muchas que hay:

"Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré. 

"Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti." (Isaías 54:9, 10)

"Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de Israel;
"Que los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo y toda serpiente que se arrastra sobre la tierra, y todos los hombres que están sobre la faz de la tierra, y temblarán ante mi presencia; y se desmoronarán los montes, y los vallados caerán, y todo muro caerá a tierra." (Ezequiel 38:19, 20)

"Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados." (Apocalipsis 16:20)

También el Señor reveló al profeta José Smith lo siguiente, que concuerda en todo sentido con lo que está escrito en la Biblia: 

"Y emitirá su voz desde Sión y hablará desde Jerusalén y su voz se oirá entre todo pueblo.

"Y será una voz como de muchas aguas, y como la voz de grandes estruendos que derribarán los montes; y no se hallarán los valles.

"El mandará al gran mar, y será arrojado hacia los países del aquilón, y las islas serán una sola tierra.

"Y el país de Jerusalén y el de Sión volverán a sus propios lugares, y la tierra será como en los días antes de ser dividida." (Doctrinas v Convenios 133:21-24)

Debemos estar agradecidos al profeta José Smith por la revelación que el Señor le concedió, en la cual se fija el sitio del Jardín de Edén, y por habernos dado la información de que cuando la tierra sea restaurada, como ciertamente debe acontecer, la gran ciudad de la Nueva Jerusalén se hallará en el lugar donde fué el jardín de Edén.

DONDE FUE EL JARDÍN DE EDÉN

                                                                                                                          

El liderazgo centrado en principios

El liderazgo centrado
en principios
Según el propio autor de este libro, el aclamado Stephen R. Covey, la gente ineficaz trata de administrar su tiempo basándose en prioridades, mientras que la gente eficaz organiza su vida y sus relaciones basándose en principios, es decir, en leyes naturales y normas que tienen validez universal. 

El liderazgo es la habilidad de aplicar estos principios a los problemas, lo que se traduce en calidad, productividad y relaciones fructíferas para todos. Asi, en esta obra que promete guiamos hacia la realización personal y el éxito profesional a través del "liderazgo centrado en principios"—, el autor del best-seller Los siete hábitos de la gente, altamente efectiva (publicado por Paidós) invita a los lectores a centrar su vida y su liderazgo en principios intemporales. 

Y para ello, demuestra que ninguna persona u organización puede sentirse satisfecha sólo con mantenerse en el punto al que ha llegado, es decir, que las metas de excelencia y calidad total expresan una necesidad innata de ser humano de progresar en el terreno personal, interpersonal y laboral. tasándose en sus veinticinco años de experiencia como docente y asesor, Covey explica cuáles son las seis condiciones de la eficacia y los métodos para lograr la excelencia en una organización. En este sentido, afirma por ejemplo que no hay nada que tienda tanto al fracaso como el propio éxito, y que es necesario comprender las posibilidades de la gente y no únicamente su conducta. Con la integridad, sensibilidad e intuiciones que hicieron de Los siete hábitos de la gente altamente efectiva un extraordinario éxito de ventas. El liderazgo centrado en principios demuestra que el aprendizaje permanente es lo único capaz de fortalecer las relaciones humanas tanto en el trabajo como en el hogar.




Stephen R. Covey es conocido por ser el autor del libro de gran venta: Los siete hábitos de las personas altamente efectivas. Nació el 24 de octubre de 1932 en Salt Lake City (Utah, Estados Unidos).

Stephen Covey reside con su esposa Sandra, y su familia en Provo, Utah, que es en donde se encuentra La Universidad Brigham Young que es precisamente donde el Dr. Covey enseñó antes de la publicación de su prestigioso libro. Stephen Covey además es padre y abuelo, tiene nueve hijos y cuenta con cincuenta y dos nietos; recibió el premio de Paternidad del «National Fatherhood Initiative», (iniciativa nacional de paternidad) en el año 2003. Covey es el fundador de lo que anteriormente se denominaba «Covey Leadership Center», (Centro Covey de liderazgo) en Salt Lake City, Utah, institución que fue luego adquirida por la compañía Franklin Quest, el 30 de mayo de 1997 convirtiéndose en «Franklin Covey Company», una compañía que ofrece sus servicios profesionales a nivel mundial y cuya especialidad consiste en vender cursos y seminarios de formación para la gestión de negocio, herramientas para aumentar la productividad, así como también la Gestión del Tiempo, tanto para individuos como para organizaciones.

Stephen Covey posee una licenciatura en Administración de empresas, que le fue otorgada por la Universidad de Utah (en Salt Lake City), una maestría en Administración de Empresas, obtenida de laUniversidad de Harvard y un doctorado en historia y doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, otorgado por la Universidad Brigham Young. Prácticamente ha dedicado gran parte de su vida a la enseñanza y practica de los preceptos que detalla en sus libros, de como vivir y liderar organizaciones y familias basándose (centrándose) en principios los cuales él sostiene, son universales y como tales son principios aceptados por las grandes religiones y sistemas éticos del mundo.


 UN FRAGMENTO DE ESTE MAGNIFICO LIBRO

EL LIDERAZGO GUIADO POR UNA BRUJULA.


Los principios correctos son como brújulas: siempre señalan el camino. Y si sabemos
cómo interpretarlos no nos perderemos ni nos confundiremos ni nos aturdirán las voces
y los valores en conflicto.
Los principios son leyes naturales evidentes por sí mismas y con un valor intrínseco.
No cambian ni se desvían. Brindan un “verdadero norte” a nuestras vidas mientras
surcamos las“corrientes” que discurren por nuestro ambiente.
Los principios se aplican en todo momento y lugar. Emergen bajo la forma de valores,
ideas, normas y enseñanzas que edifican, ennoblecen, satisfacen, fortalecen e inspiran a
las personas. La historia muestra cómo los pueblos y las civilizaciones prosperaron en la
medida en que obraron en armonía con principios correctos. En el origen de la
decadencia de las sociedades hay prácticas absurdas que no fueron sino violaciones a
los principios correctos. ¿Cuántos desastres económicos, conflictos entre culturas
diferentes, revoluciones políticas y guerras civiles se habrían evitado si hubiese existido
un mayor compromiso social con los principios correctos?
El liderazgo centrado en principios se fundamenta en el hecho cierto de que no
podemos violar impunemente esas leyes naturales. Creamos o no en ellas, han
demostrado ser eficaces a lo largo de siglos de historia de la humanidad. Los individuos
son más eficaces y las organizaciones más poderosas cuando ambos están guiados y
gobernados por esos principios probados. No son soluciones fáciles e instantáneas a los
problemas personales e interpersonales. Sí son, en cambio, principios fundacionales que
consecuentemente aplicados se convierten en hábitos que permiten transformaciones
fundamentales en los individuos, las relaciones y las organizaciones.
A diferencia de los valores, los principios son objetivos y externos. Funcionan
obedeciendo a leyes naturales, independientemente de las condiciones.
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Los valores son subjetivos son subjetivos e internos; son como mapas. Los mapas, de
por sí, no son territorios; sólo son intentos subjetivos de describir o representar un
territorio. Cuanto mejor alineados estén nuestros valores o mapas con los principios
correctos —con el territorio real, con las cosas tal cual son—, más precisos y útiles
serán. Pero cuando el territorio cambia permanentemente, cuando los mercados varían
en forma constante, todo mapa se hace rápidamente obsoleto.
Un mapa basado en valores puede suministrar cierta descripción útil, pero la brújula,
regida por principios, brinda una incuestionable visión y orientación. Un mapa preciso
es una buena herramienta gerencial, pero una brújula que señala los principios del
“verdadero norte” es una herramienta para el liderazgo y el fortalecimiento de la
autoridad. Al señalar hacia el norte, la aguja refleja su alineamiento con las leyes
naturales. Si nos limitamos a dirigir por medio de mapas, desperdiciaremos muchos
recursos errando sin rumbo y desperdiciando oportunidades.
Nuestros valores suelen reflejar las creencias de nuestro medio cultural. Desde la
niñez desarrollamos un sistema de valores que constituye una combinación de
influencias culturales, descubrimientos personales y pautas familiares. Todo esto se
transforma en el espejo a través del cual miramos el mundo. Evaluamos, definimos
prioridades, juzgamos y nos comportamos según cómo vemos la vida a través de ese
cristal.
Un patrón reactivo habitual lo constituye vivir la vida en compartimientos basados en
valores, donde nuestra conducta es, en gran medida, producto de las expectativas
incorporadas a ciertos roles: cónyuge, padre, hijo, ejecutivo del mundo de los negocios,
líder de la comunidad, etcétera. Puesto que cada uno de estos compartimientos tiene su
propio sistema de valores, las personas sin poder de reacción a menudo terminan
tratando de amalgamar expectativas en conflicto y viviendo según
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diferentes valores, de acuerdo con el rol que juegan o el medio en que se hallan en cada
momento.
Cuando las personas alinean sus valores personales con los principios correctos, se
liberan de las viejas percepciones y paradigmas. Una de las características de los
auténticos líderes es su humildad, que queda de manifiesto en su capacidad para sacarse
las gafas y examinar objetivamente los cristales, analizando hasta dónde sus valores,
percepciones, creencias y comportamientos están alineados con los principios del
“verdadero norte”. Donde aparecen discrepancias (prejuicios, ignorancia o error),
efectúan ajustes para realinearlos más sabiamente. Basarse en principios inmutables
brinda permanencia y consistencia a sus vidas.

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REVELACIÓN Por el Presidente JOSEPH F. SMITH

REVELACIÓN

EL VALOR DEL ESPÍRITU DE REVELACIÓN. 

El hombre que posee el espíritu de revelación puede comprender si es pecador, si tiene propensión a la maldad, si está o no está magnificando su posición delante del Señor, mejor que uno que no tiene el Espíritu del Señor en él, ¿no es así? -C.R. de abril, 1912, pág. 7.

EL ESPÍRITU DE INSPIRACIÓN, DE REVELACIÓN, QUIÉN LO RECIBE.

 Y el espíritu de inspiración, el don de revelación, no pertenece exclusivamente a un hombre-, no es un don que corresponde a la Presidencia de la Iglesia y a los Doce Apóstoles únicamente. No se limita a las autorida-des que presiden la Iglesia; pertenece a todo miembro individual de la misma; y todo hombre, mujer y todo niño que ha llegado a la edad de responsabilidad, tiene el derecho y privilegio de disfrutar del espíritu de revelación y poseer el espíritu de la inspiración para cumplir sus deberes como miembro de la Iglesia. Es el privilegio de todo miembro individual de la Iglesia recibir revelación para su propia orientación, para dirigir su vida y conducta; y por tanto, afirmo—y creo que puedo hacerlo sin posibilidad razonable de ser refutado o impugnado— que no hay otra iglesia en el mundo, ni organización de personas religiosas, que sean tan umversalmente espirituales en sus vidas, y tan universal-mente merecedores de los dones del Espíritu de Dios, como los miem-bros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Todos tenéis derecho a la revelación; es vuestro el privilegio de que os sea revelado si yo soy un siervo de Dios o un siervo de los hombres; si estoy cumpliendo con mis deberes o no; si yo, como oficial presidente de la Iglesia, estoy obrando en el desempeño de mis deberes en una manera aceptable ante vosotros y el Señor. Es vuestro el privilegio de recibir revelación en cuanto a esto y de saber la verdad por vosotros mismos; y es mi privilegio recibir revelación de Dios, como individuo, para mi propia orientación temporal, y nuevamente repito que jamás hubo tiempo sobre la tierra, desde la organización de la Iglesia, en que la espiritualidad del pueblo de Dios haya sido mayor que hoy. —C.R. de abril, 1912, pág. 5.

TODOS DISFRUTAN DEL ESPÍRITU DE LA REVELACIÓN. 

Creo que todo miembro de la Iglesia tiene tanto derecho de disfrutar del espíritu de revelación y del entendimiento de Dios que le comunica ese espíritu

DOCTRINA DEL EVANGELIO

de revelación para su propio beneficio, como lo tiene el obispo para habilitarlo a fin de presidir su barrio. Todo hombre tiene el privilegio de ejercer estos dones y privilegios en el manejo de sus propios asun-tos, en la crianza de sus hijos por el camino que deben seguir y en el cuidado de su granja, sus rebaños, sus hatos y en la dirección de sus negocios, si tiene negocios de otra índole que atender. Es suyo el derecho de gozar del espíritu de revelación y de inspiración para hacer lo correcto, para ser sabio y prudente, justo y bueno en todo lo que hace. Sé que éste es un principio verdadero y también sé que lo sé; y eso es lo que yo quisiera que todos los Santos de los Últimos Días supiesen. —C.R. de abril 1912, pág. 9, 10.

REVELACIÓN NUEVA. 

Que yo sepa, no hay una sola de las ordenanzas de la Iglesia que hoy se conocen o se prectican, que no se reveló a la Iglesia por el Profeta José Smith. No sé de ninguna doctrina nueva que se haya revelado. Los principios que le fueron manifestados al Profeta José han crecido y se han desarrollado con mayor amplitud y claridad al entendimiento; pero no hemos recibido nada nuevo que yo sepa. Sin embargo, si recibiésemos algo nuevo, por los medios apropiados de la Iglesia, debemos estar tan preparados y dispuestos para recibirlo, como lo estuvimos o lo estaríamos, para recibirlo de las manos del Profeta José mismo. —C.R. de octubre, 1900, pág. 47.

CUÁNDO HEMOS DE ESPERAR NUEVA REVELACIÓN.

 No hay cosa alguna que no tengamos en común con los Santos de los Últimos Días. Nada sabemos, y nada predicaremos al pueblo sino aquello que Dios el Señor ha revelado, y aconsejamos a los que ocupan puestos de autori-dad, cuyo deber e incumbencia es enseñar y predicar los principios del evangelio al mundo y a los Santos de los Últimos Días, que limiten sus enseñanzas y sus instrucciones a la palabra de Dios que ha sido revelada. Os aseguro que hay mucho de lo que ha sido revelado que no se está obedeciendo. Falta aún mucho que aprender; mucho que todavía hay que enseñar con el espíritu de instrucción, y mucho que se ha revelado por medio del Profeta José y sus asociados que el pueblo todavía no ha recibido en su corazón, y a lo cual no se ha convertido como debe. Cuando obedezcamos y seamos capaces de observar los preceptos del evangelio, las leyes de Dios y los requisitos del cielo, que ya se han revelado, estaremos en mejor posición y más cerca de la meta de la perfección en prudencia, conocimiento y poder, de lo que estamos hoy. Cuando llegue ese tiempo, entonces habrá otras cosas mayores aún que serán reveladas al pueblo de Dios. Sin embargo, hasta que cumplamos con nuestro deber en aquello que hemos recibido, hasta que seamos fieles en las cosas que hoy son confiadas en nuestras manos, hasta que vivamos de acuerdo con nuestra religión como hoy la tenemos, como el Señor nos la ha dado, el agregar mandamientos, el darnos más luz e inteligencia de la que ya hemos recibido, y la cual todavía no hemos obedecido en forma completa, sólo sería traer más condenación sobre nuestra cabeza. Basta con que vivamos a la luz de la inspiración y revelación actuales, y que cada miembro individual de la Iglesia guarde los mandamientos del Señor y obre en la Iglesia de acuerdo con la orientación del Espíritu en el cumplimiento de su deber. Cada uno de nosotros tenemos el derecho de recibir inspiración de Dios para saber qué es nuestro deber y cómo hemos de cumplirlo. No lo hemos aprendido aún, no todos, pero estamos en buena posición para aprender. El Señor todavía es pa-ciente; es longánime, lleno de amor y gracia hacia todos, y constante-mente estamos mejorando. Creo que somos un poco más fieles en el cumplimiento de nuestros deberes de lo que hemos sido en lo pasado: pero todavía hay mucho campo para mejorar. —C.R. de octubre, 1917, pág. 5.

LA MANERA EN QUE EL SEÑOR REVELA SUS PROPÓSITOS CONCERNIENTES A LA IGLESIA. 

Y sé esto, que Dios ha organizado su Iglesia en la tierra, y sé que cuando El decrete o se proponga hacer cambio alguno en el asunto de gobernar o dirigir o presidir los asuntos de su Iglesia, El efectuará el cambio y lo hará de tal manera que todos los miembros de la Iglesia que estén obrando rectamente, lo entenderán y aceptarán. Sé que el Señor no levantará a "fulano, mengano o zutano", acá y allá y por todas partes, para hacerse pasar por Cristo o "uno fuerte y poderoso", diciendo que ha sido inspirado y llamado para realizar alguna cosa notable. El Señor no obrará con los hombres de esa manera; y mien-tras la organización de la Iglesia exista, mientras los quórumes y consejos del sacerdocio permanezcan intactos en la Iglesia, el Señor revelará sus propósitos por medio de ellos, y no por "fulano, mengano o zutano". Así que, anotadlo en vuestras libretas y tenedlo presente; es cierto. —C.R. de abril, 1912, pág. 10.

LA REVELACIÓN MODERNA ES NECESARIA. 

¿Hemos de entender, pues, que Dios no hace saber, ni en adelante dará a conocer su voluntad a los hombres? ¿Que lo que ha dicho es suficiente? ¿Es suficiente su volun-tad a Moisés, a Isaías y a Juan para los discípulos modernos de Cristo? Los Santos de los Últimos Días impugnan esta doctrina y la declaran ilógica, incongruente y falsa, y dan testimonio a todo el mundo de que Dios vive y que revela su voluntad a los hombres que creen en El y obedecen sus mandamientos, tanto en nuestros días como en cualquiera otra época de la historia de las naciones. El canon de las Escrituras no está lleno. Dios en ningún tiempo ha revelado que cesaría de hablar para siempre a los hombres. Si se nos permite creer que ha hablado, debemos creer y creemos que continúa haciéndolo, porque El es inmutable.

Su voluntad declarada a Abraham no fue suficiente para Moisés, ni su voluntad a Moisés fue suficiente para Isaías. ¿Por qué? Porque sus distintas misiones requirieron instrucciones diferentes; y lógicamente, ocurre otro tanto en lo que atañe a los profetas y pueblo de esta época. El mundo progresista jamás descubrirá toda la verdad hasta que sus habitantes se familiaricen con todo el conocimiento del Ser Perfecto. ¿Cómo llegarán los hombres a familiarizarse con el conocimiento del Padre? Únicamente al grado que El se lo revele. Ahora bien, si se nos pemiite creer que el Señor se reveló a los antiguos, de cuyos hechos leemos en las Escrituras, me parece que no existe una buena razón para creer que no es necesario que El se revele en esta época a otros que desean ser guiados por su Espíritu e inspiración. Toda verdad nueva que se convierte en acción viviente en las vidas de los hombres es en sí misma una revelación de Dios; y sin la revelación de verdad adicional, los hombres no progresarían en este mundo, antes, abando-nados a sí mismos, retrocederían por estar separados de la luz y vida de la gran fuente de toda inteligencia, el Padre de todos nosotros.

¿Qué es revelación, sino el descubrimiento de nuevas verdades por aquel que es la Fuente de toda verdad? Decir que no hay necesidad de nueva revelación equivale a decir que no tenemos necesidad de verda-des nuevas, lo cual es una aseveración ridicula.

Ahora, en cuanto a la utilidad de la revelación moderna, a la cual ya se ha hecho referencia en el breve tratado sobre su necesidad, ninguna indicación hay de que la revelación sea inservible porque no es propio que se acepte en los tribunales. "Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios." La revelación dada para el conocimiento u orientación personales de cualquier persona no debe comunicarse al público, ni en calidad civil ni religiosa; pero el hecho de que pueda ser (y en dichos casos lo es) considerada impropia para uso público, no es ninguna indicación de que esta revelación no sea de provecho para la persona a quien se dirige. Puede decirse de paso, sin embargo, que la revelación, que tanto perturbó a los ministros, resultó ser correcta y de conformidad con la evidencia y el dictamen del tribunal y jurado.

Nuestro testimonio es que Dios vive y que El habla por su poder a los hombres que lo buscan y creen en El, y de este modo les da a su voluntad en asuntos que atañen no sólo a su Iglesia verdadera, sino a cada persona que lo busca. —Improvement Era, tomo 5, pág. 805.

TEORÍA Y REVELACIÓN DIVINA.

 Nuestros jóvenes son estudiantes dili-gentes. Buscan la verdad y el conocimiento con un celoencomiable, y al hacerlo necesariamente deben adoptar con carácter provisional muchas teorías de los hombres. Sin embargo, en tanto que las reco-nozcan como andamios, útiles para fines de investigación, no puede haber peligro particular en ellas. Es cuando se aceptan estas teorías como verdades básicas, que surgen las dificultades, y entonces el investigador corre grave peligro de ser irremediablemente desviado del camino recto. . .

La Iglesia se ciñe a la autoridad definitiva de la revelación divina, la cual debe ser la norma; y en vista de que la "ciencia" así llamada ha modificado sus deducciones de una época a otra, y dado que la revela-ción divina es verdad y debe permanecer para siempre, los conceptos correspondientes a lo menor deben concordar con las afirmaciones positivas de lo mayor; y además, que en las instituciones fundadas por la Iglesia para la enseñanza de teología, así como otros ramos de educación, las enseñanzas de sus instructores deben concordar con los principios y doctrinas de la Iglesia. . .

Son tantas las verdades materiales comprobadas y prácticas, tantas las certezas espirituales con las cuales la juventud de Sión debe fami-liarizarse, que parece ser una pérdida de tiempo y medios, así como perjudicial para la fe y la religión, penetrar muy profundamente en las teorías hipotéticas del hombre sobre filosofías relacionadas con el origen de la vida, o los métodos utilizados por un Creador Omnis-ciente para poblar la tierra con los cuerpos de hombres, aves y bestias. Más bien, dediquemos nuestras habilidades al análisis práctico de la tierra laborable, al estudio de los elementos, la producción de la tierra, la invención de maquinaria útil, el bienestar social de la raza humana y su alivio material; y en cuanto al resto, cultivar una fe permanente en la palabra revelada de Dios y en los principios salvadores del evangelio de Jesucristo que traen el gozo en este mundo, y la vida eterna y salvación en el mundo venidero.

Las teorías filosóficas de la vida tienen su lugar y su uso, pero no en las clases de las escuelas de la Iglesia; y son más particularmente incongruentes en dicho sitio o en cualquier otro, cuando intentan reemplazar las revelaciones de Dios. El alumno común no puede entrar en estos temas con la profundidad suficiente para lograr alguna utilidad práctica de ellos, y un conocimiento elemental de este asunto sólo tiende a trastornan su fe sencilla en el evangelio, que es de mayor valor para él en la vida que todo el conocimiento del mundo.

La religión de los Santos de los Últimos Días no se opone a ninguna verdad ni a la investigación científica de la verdad. "Lo que se com-prueba aceptamos con gozo—dijo la Primera Presidencia en su saludo de Navidad a los miembros— pero no aceptamos la vana filosofía, teoría humana y meras especulaciones de los hombres, ni adoptamos cosa alguna que sea contraria a la revelación divina o al buen sentido común; pero todo lo que tienda a una conducta propia, que concuerde con la moralidad sana y aumente la fe en Dios, nosotros lo favorecemos, no importa dónde se encuentre."

Una buena guía que pueden adoptar los jóvenes que están resueltos a profundizarse en las teorías filosóficas es la de escudriñarlo todo, pero con cuidado de retener sólo lo que es verdad. La verdad persiste, pero las teorías de los filósofos cambian y son descartadas. Lo que los hombres usan hoy como andamio para fines científicos, desde el cual penetran lo desconocido en busca de verdades, puede ser derribado mañana, después de haber cumplido su objeto; pero la fe es un princi-pio eterno mediante la cual el humilde creyente puede lograr solaz eterno. Es la única manera de encontrar a Dios. —Improvement Era, tomo 14, pág. 548.

La ciencia y la filosofía han pasado por cambio tras cambio en el curso de las edades. Casi no ha pasado un siglo sin que no hayan introducido nuevas teorías de ciencia y filosofía para reemplazar las antiguas tradiciones y la antigua fe y doctrinas sostenidas por filósofos y científicos. Estas cosas pueden pasar por cambios continuos, pero la palabra de Dios es siempre verdadera, siempre exacta. Los principios del evangelio siempre son verdaderos, los principios de fe en Dios, del arrepentimiento del pecado, del bautismo para la remisión de pecados por la autoridad de Dios y la imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo, estos principios son siempre verdaderos, son siempre absolutamente necesarios para la salvación de los hijos de los hombres, pese a quiénes sean y dónde estén. Ningún otro nombre debajo del cielo es dado sino el de Jesucristo, por el cual podáis ser salvos o exaltados en el reino de Dios. No sólo los ha declarado Dios, no sólo ha anunciado Cristo estos principios por su voz a sus discípu-los, de generación en generación en tiempos antiguos, sino que en estos postreros días han adoptado el mismo testimonio y declarado estas cosas al mundo. Son verdaderas hoy como entonces lo fueron, y debemos obedecer estas cosas. —Improvement Era, tomo 14, pág. 641.

REVELACIÓN Y EVIDENCIA LEGAL. 

Recientemente un hombre acusado de homicidio compareció ante un magistrado en Salt Lake City. Durante la interrogación por parte del fiscal, el padre político del occiso relató una conversación habida entre él y el acusado poco después de la comisión del crimen. Durante dicha conversación, según informes del diario, el padre político de la víctima imputó el crimen al acusado. En sus repreguntas, el abogado defensor del acusado insistió en que el testigo dijese cómo sabía que el acusado era el culpable del crimen. La respuesta, según la prensa, fue que Dios se lo había revelado. No se aclara en la continuación del acta de la causa si se impugnó o retiró el testimonio, o si el magistrado informó al testigo que tal evidencia era incompetente o no podía aceptarse. La afirmación anterior provocó comentarios en la prensa y ha sido el tema de algunos discursos desde el pulpito. Por supuesto, toda persona debe entender que tal evidencia es inadmisible en un tribunal, y si hubiese acontecido en un juicio ante un jurado, habría sido el deber del juez ordenar que se omitiera el testimonio, y en sus instrucciones al jurado advertirles que lo pasaran completamente por alto. Dada la probabilidad de que haya quienes puedan persistir en relacionar esta evidencia con el cuerpo religioso del cual es miembro el testigo, sería propio decir, sin desacreditar en lo mínimo la convicción del testigo tocante a la revelación que había recibido, que ningún miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días debe considerar, ni por un momento, que tal testimonio sea admisible en un tribunal, y para dar mayor claridad al asunto, también podría decirse que tal evidencia sería inadmisible aun en un tribunal de la Iglesia, donde las reglas de evidencia, aunque no tan técnicas, se basan principalmente en los mismos principios que rigen las reglas de evidencia en un tribunal civil. Cualquier intento, por tanto, de querer aparentar que este tipo de evidencia concuerda con los principios de la fe "mormona" carece completamente de justificación. —Juvenile Instructor, tomo 37, pág. 114 (15 de febrero de 1902).

MEDIOS CORRECTOS DE REVELACIÓN. 

En ocasiones causa pena ver a miembros respetables de la Iglesia, hombres que debían tener mejor criterio, dejarse convertir en instrumentos de espíritus engañadores. Parece que tales hombres, provisionalmente por lo menos, pierden de vista el hecho de que el Señor ha establecido el sacerdocio en su plenitud sobre la tierra; y que se ha hecho por revelación y manda-miento directos del cielo; que El ha instituido un orden de gobierno que trasciende la capacidad y sobrepuja la sabiduría, conocimiento y entendimiento del hombre, y a tal grado, por cierto, que le parece imposible a la mente humana, sin la ayuda del Espíritu de Dios, comprender las bellezas, poderes y carácter del santo sacerdocio. Les parece difícil a los hombres comprender las funciones del sacerdocio, su autoridad legítima, su extensión y poder; y sin embargo, se com-prende fácilmente por la luz del Espíritu; pero no entendiéndolo, los hombres son fácilmente engañados por espíritus seductores que andan por el mundo. Se les hace creer que algo anda mal, y lo que entonces ocurre es que empiezan a creer que fueron escogidos especialmente para poner las cosas en orden. Cuán desafortunado es que un hombre caiga en esta trampa; pues entiéndanlo los Santos de los Últimos Días, que en tanto que los siervos de Dios estén llevando vidas puras, honrando el sacerdocio que les ha sido conferido y esforzándose, con todo el conocimiento que poseen, por magnificar su oficio y llama-miento, a los cuales han sido debidamente elegidos por la voz del pueblo y el sacerdocio,, y confirmados por la aprobación de Dios, cuando el Señor tenga comunicación alguna para los hijos de ¡os hombres o instrucciones cualesquiera para dar a su Iglesia, El transmi-tirá tal comunicación por medio de la vía legalmente instituida del sacerdocio; nunca lo hará en otra forma, por lo menos mientras La iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días exista en su forma actual sobre la tierra.

No es de la incumbencia de ningún individuo levantarse como revelador, como profeta, como vidente u hombre inspirado a fin de dar revelaciones para la dirección de la Iglesia, ni presumir dictar a las autoridades presidentes de la Iglesia en cualquier parte del mundo, mucho menos en medio de Sión dónde las organizaciones del sacerdo-cio son casi perfectas, donde todo está completo, hasta la organización de una rama. Las personas tienen el derecho de ser inspiradas y recibir manifestaciones del Espíritu Santo para su orientación individual, con objeto de fortalecer su fe y alentarlos en las obras de justicia, en ser fieles y observar y guardar los mandamientos que Dios les ha dado; es el privilegio de todo hombre y mujer recibir revelación para tal fin, pero sin ir más allá. Al momento en que un individuo se levanta y asume el derecho de gobernar y dictar o juzgar a sus hermanos, especialmente a los que presiden, se le debe marcar el alto en seguida, o resultarán discordias, división y confusión. Todo hombre y mujer en esta Iglesia debería saber que es una imprudencia ceder a tal espíritu; al momento en que este sentimiento se les presente, deben reprenderlo, ya que se opone diametralmente al orden del sacerdocio y al espíritu y genio de esta obra. No podemos aceptar como autorizado sino lo que viene directamente por medio de la vía señalada, las organizaciones constituidas del sacerdocio, qué es la vía que el Señor ha señalado para dar a conocer su disposición y voluntad al mundo. 

De modo que por conducto de José, el Señor se reveló al mundo, y por medio de él eligió a los primeros élderes de la Iglesia, hombres de corazón honrado que El sabía que recibirían la palabra y obrarían juntamente con José en esta grande e importante empresa; y todos aquellos a quienes se ha conferido el sacerdocio y todos los que han sido nombrados a posición alguna en esta iglesia han recibido su autoridad y comisión por esta vía, indicada por Dios, con José a la cabeza. Este es el orden, y no puede ser de otra manera. Dios no levantará a otro profeta ni a otro pueblo para llevar a efecto la obra que se nos ha señalado. El nunca pasará por alto a los que han sido firmes y fieles desde el principio, por decirlo así, de esta obra, y que todavía son firmes y fieles, si es que continúan siendo fieles a su cometido. No hay ninguna duda en mi mente de que siempre se conservarán leales, como cuerpo, porque si alguno de ellos se torna indigno a la vista de Dios, El lo quitará de su lugar y llamará a otro de entre las filas para que ocupe su puesto. De manera que se verá que su sacerdocio siempre estará constituido por los hombres más apropiados para la posición, de hombres cuyas espaldas estarán capacitadas para la carga, hombres por medio de los cuales puede obrar y conducir los asuntos de su Iglesia de acuerdo con el consejo de su propia voluntad. Y en el momento en que los individuos buscan otra fuente, en ese instante le abren la puerta a las influencias seductoras de Satanás y se exponen a convertirse en siervos del demonio; pierden de vista el orden verdadero mediante el cual pueden disfrutarse las bendiciones del sacerdocio; se salen de la protección del reino de Dios a terreno peligroso. Cuando veáis que un hombre se levanta y afirma haber recibido revelaciones directas del Señor para la Iglesia, independientemente del orden y vía del sacerdocio, podéis tacharlo de impostor. Dios no os ha llamado a que vayáis al mundo para ser enseñados o recibir revelaciones por medio de apóstatas o desconocidos, antes os ha llamado, ordenado y enviado para enseñar y guiar el pueblo por el camino de la rectitud y la salvación.

¿Cómo debe ser? Os lo diré. En primer lugar, toda persona debe saber que el evangelio es verdadero, dado que éste es el privilegio de todo el que se bautiza y recibe el Espíritu Santo. Un hombre podrá sentirse ofendido por motivo de alguna dificultad que tuvo con el presidente Taylor, o Cannon, o conmigo; podrá haber algo en su corazón que le hará creer que no puede sostenernos con su fe y oraciones; mas si tal fuere el caso, ¿cuál es el curso que ha de seguir? Debe decir en su corazón: "Dios ha establecido su reino, y su sacerdo-cio está sobre la tierra; y aun cuando siento desagrado hacia ciertos hombres, sé que el evangelio es verdadero y que Dios está con su pueblo; y que si yo cumplo con mi deber y guardo sus mandamientos, pasarán las nubes, y desaparecerán las tinieblas, y el Espíritu del Señor vendrá en mayor plenitud para ayudarme; y al pasar el tiempo podré ver, si estoy en error, en dónde erré, y entonces me arrepentiré, porque sé que con el tiempo toda cosa impropia será corregida." Creo que todos los hombres debían sentir esto.

Jamás hay a la vez sino uno nombrado para poseer las llaves del reino de Dios pertenecientes a la tierra. Mientras Cristo estuvo en la tierra, El las tuvo; pero al partir las entregó a Pedro porque era el presidente o el principal de los apóstoles; y tenía el derecho de dirigir y recibir revelación para la Iglesia y para dar consejo a todos los hermanos. Después que Satanás y hombres impíos prevalecieron contra la Iglesia, crucificaron al Salvador y mataron a los apóstoles, las llaves del reino fueron quitadas de la tierra. Juan el Teólogo lo explica de la manera más clara; y desde esa época hasta que José Smith fue llamado por la voz del Omnipotente y ordenado para poseer esas llaves, ningún hombre, que sepamos, las tuvo en la tierra. Es cierto que el Señor nombró a otros Doce sobre este continente, y que su Iglesia floreció y prosperó en esta tierra por muchos años, pero el Señor declaró que Pedro, Santiago y Juan, y los Doce que estuvieron con El en Jerusalén, tenían la presidencia sobre ellos. Dios puede revelarse a diferentes naciones y establecer entre ellas el mismo evangelio y ordenanzas como lo hizo antiguamente, si la necesidad lo exigiera, pero si estas naciones llegaran a unirse, habría una cabeza y todos los demás le estarían sujetos. De modo que desde la época en que las llaves de este sacerdocio fueron quitadas de la tierra, hasta que José Smith las recibió, ningún hombre poseyó el sacerdocio, ni sus llaves, con la autoridad para edificar la Sión de Dios y preparar a una iglesia o pueblo para la segunda venida de Cristo, "como una esposa ataviada para su marido", a menos que haya sido entre las tribus perdidas; sin embargo, de esto no sabemos, mas si así fuere, recibirían las llaves necesarias para administrar las ordenanzas del evangelio para su salva-ción. No sabemos de su existencia ni de la condición en que se encuentran. El evangelio que les es dado se acomoda a sus necesidades y condiciones, y es para su salvación y no la nuestra; y sin embargo, será el mismo evangelio. Y Dios no llamará a uno de entre ellos para conferirnos el sacerdocio o darnos las llaves y bendiciones o indicarnos las organizaciones del reino de Dios, porque El ya ha establecido ese sacerdocio aquí y nosotros lo tenemos. Si tiene alguna comunicación que darnos, enviará sus mensajeros a nosotros; y de esta manera El entregará su ley y comunicará su disposición y voluntad al pueblo. 

Lo hará por la vía ordenada del sacerdocio que El reconoce y que ha establecido en la tierra. No recurrirá a ningún otro medio, ni nos enviará a ellos, a menos que se encuentren sin el sacerdocio y se haga necesario llevarles las bendiciones del evangelio, y supongo que tal será el caso.

Cuando José recibió las llaves del sacerdocio, sólo él las poseía en la tierra; es decir, fue el primero; estuvo a la cabeza. Se prometió que no las perdería ni sería quitado de su lugar en tanto que fuese fiel. Cuando murió, la voz del pueblo eligió al presidente Young, y la voz de Dios lo aprobó. El poseyó el sacerdocio que era según el orden del Hijo de Dios, con las llaves que corresponden a la presidencia de este sacerdo-cio sobre la tierra. Lo recibió de manos de José, directamente de él o mediante su autoridad, y lo poseyó hasta su muerte. Cuando falleció, el manto cayó sobre John Taylor, y mientras viva, si es fiel, poseerá esa autoridad. Así fue con Brigham Young; la tuvo con la condición de ser fiel. Si algún hombre se tornase infiel en ese puesto, Dios lo quitaría de su lugar. Testifico en el nombre del Dios de Israel que El no permitirá que el que está al frente de la Iglesia, a quien El ha escogido para estar a la cabeza, quebrante sus leyes y se vuelva apóstata; en el momento que tomara un curso que con el tiempo produjese tal cosa, Dios lo quitaría. ¿Por qué? Porque consentir que un hombre impío ocupara esa posición sería permitir, cual si fuere, que la fuente se corrompiera, cosa que El jamás permitirá.

En cuanto un hombre dice que no se sujetará a la autoridad legal-mente constituida de la Iglesia, bien sean los maestros, el obispado, el sumo consejo, su quorum o la Primera Presidencia, y en su corazón lo confirma y lo lleva a efecto, precisamente en ese momento se aleja de los privilegios y bendiciones del sacerdocio e Iglesia, y se excluye del pueblo de Dios, porque menosprecia la autoridad que el Señor ha instituido en su Iglesia. Estos son los hombres que generalmente se ponen birretes para recibir inspiración (de abajo), y los que a menudo se hallan tan deseosos de guiar a la Iglesia y ponerse a juzgar al sacerdocio. Para nosotros la única manera segura de proceder, como individuos, es vivir tan humilde, recta y fielmente delante de Dios, que podamos poseer su Espíritu al grado de poder juzgar rectamente y discenir la verdad del error, así como el bien del mal; entonces sabre-mos que al procederse en contra de nosotros, en noventa y nueve casos de cada cien nosotros estaremos en error, y que la decisión es justa; y aun cuando en ese momento no podamos ver y sentir su justicia en forma completa, no obstante, nos sentiremos constreñidos a decir que "en tanto que hay dieciséis probabilidades contra una de que yo esté en error, apacible y humildemente me sujetaré". El meollo del asunto es este: El Señor ha establecido su Iglesia, organizado su sacerdocio y conferido la autoridad a ciertos individuos, consejos y quórumes, y el pueblo de Dios tiene el deber de vivir de tal manera que sabrá que los mismos le son aceptables a El. Si empezamos a cercenar a éste o aquél y hacer caso omiso de su autoridad, bien podríamos de una vez dejar a un lado a Dios y decir que El ningún derecho tiene de dictar, —journal of Discourses, tomo 24, págs. 187-194 (1884). (Ogden,21 de junio de 1883.)

DOCTRINA Y CONVENIOS. 

Digo a mis hermanos que el libro de Doctrina y Convenios contiene algunos de los principios mas gloriosos que jamás se han revelado al mundo, algunos de ellos revelados en mayor plenitud al mundo que en cualquier otra época; y esto como cumplimiento de la promesa de los profetas antiguos que en los postreros tiempos el Señor revelaría al mundo cosas que han permanecido ocultas desde la fundación del mismo; y el Señor las ha revelado por medio del Profeta José Smith. —C. R. de octubre, 1913, pág. 9.


LA MANERA DE LEER LA BIBLIA. 

Lo que caracteriza, más que todo, la inspiración y divinidad de las Escrituras es el espíritu con el cual fueron escritas, y la riqueza espiritual que imparten a quienes fiel y concienzudamente las leen. De manera que nuestra actitud hacia las Escrituras debe concordar con los fines para los cuales se escribieron. Tienen por objeto ensanchar las facultades espirituales del hombre y revelar e intensificar los lazos de parentesco entre él y su Dios. Los que se inclinan a lo espiritual y quienes buscan las verdades espirituales deben estudiar la Biblia, así como todos los demás libros que son Escrituras sagradas, a fin de apreciarlos. —Juveníle Instructor, tomo 47, pág. 204 (abril de 1912). 


TRAS LA REVELACIÓN VIENE LA PERSECUCIÓN. 

Creo que jamás hubo pueblo alguno, guiado por revelación, reconocido por el Señor, como suyo, al cual no odiaron y persiguieron los impíos y malvados; y quizá ningún otro pueblo sería más perseguido que éste, si el enemigo tuviera hoy el poder para perseguirnos, como el que tuvieron Nerón y los romanos para perseguir a los santos de su época. Nunca ha habido tiempo en que haya estado más fijo y resuelto el corazón de los  malvados para luchar contra el reino y destruirlo de sobre la tierra como ahora; y su fracaso, se deberá únicamente a la imposibilidad de la tarea que han emprendido. Y esto es evidencia para todos de que el sacerdocio de Dios está aquí, que muchos de los santos están magnificando su llamamiento y honrando el sacerdocio y también al Señor, tanto con su vida como con sus medios, que son de El. —Deseret Weekly News, tomo 24, pág. 708 (1875).

(Doctrina del Evangelio pag. 46 )

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Doctrina Del Evangelio Joseph f. Smith